Loreto | Con sus voces, saberes, identidades y experiencias como punto de partida, niñas, adolescentes y jóvenes mujeres de pueblos originarios participaron en el Segundo Encuentro Intercultural de Niñas, Adolescentes y Jóvenes Mujeres de Pueblos Originarios: “Conociendo Nuestros Derechos, Fortaleciendo Nuestro Protagonismo”, realizado los días 15 y 16 de agosto de 2026 en la Casa de Retiro de Kanatari.
Durante dos jornadas de aprendizaje, diálogo, expresión cultural y participación colectiva, las asistentes profundizaron en el reconocimiento de sus derechos y reflexionaron sobre su capacidad para participar activamente en sus comunidades y contribuir a las transformaciones que necesitan sus pueblos.
Esta experiencia da continuidad al proceso iniciado en el primer encuentro intercultural, donde niñas, adolescentes y jóvenes indígenas amazónicas compartieron sus saberes, memorias, identidades y preocupaciones frente a los desafíos que atraviesan sus comunidades. En esta segunda jornada, el énfasis estuvo puesto en un mensaje fundamental: conocer nuestros derechos es también reconocer nuestra capacidad para ejercerlos, defenderlos y participar en las decisiones que afectan nuestras vidas.

Conocer nuestros derechos para fortalecer nuestras voces
El encuentro tuvo como uno de sus principales objetivos que las participantes conozcan sus derechos y los principales instrumentos que los protegen, especialmente la Convención sobre los Derechos del Niño, reconociéndose como sujetas de derechos y protagonistas capaces de participar e incidir en los espacios de sus comunidades.
Desde el inicio, la metodología buscó que el aprendizaje no se limitara a una exposición. Las participantes fueron protagonistas de las actividades, intercambiando conocimientos, planteando preguntas, compartiendo experiencias y construyendo colectivamente nuevas reflexiones.
Uno de los primeros momentos estuvo dedicado a la identidad. Cada participante llevó un objeto significativo que representaba su comunidad, cultura o historia: una artesanía, una semilla, un tejido, un instrumento, una fotografía u otro elemento con valor cultural.
En un círculo de diálogo, compartieron el significado de estos objetos y las enseñanzas, recuerdos y saberes ancestrales que representan. Al colocarlos en un espacio común, estos elementos se convirtieron en un símbolo de la diversidad cultural y, al mismo tiempo, de los vínculos que unen a las participantes de distintos pueblos originarios.

Aprender jugando, dialogando y compartiendo experiencias
Para acercarse al conocimiento de los derechos, el encuentro incorporó diversas dinámicas participativas. A través de juegos y actividades grupales, las participantes reflexionaron sobre qué son los derechos, quiénes los tienen, para qué sirven y cómo se relacionan con las situaciones que viven diariamente.
Una de las actividades fue “El correcaminos de los derechos”, una dinámica que permitió abordar diferentes situaciones relacionadas con los derechos desde el juego, el intercambio de opiniones y la reflexión colectiva.
También se desarrolló una actividad para identificar y clasificar los derechos en tres grandes categorías: derechos de provisión, derechos de protección y derechos de participación. Las participantes analizaron diferentes situaciones, debatieron en grupo y tomaron decisiones colectivas para reconocer a qué tipo de derecho correspondía cada una.
Más que memorizar conceptos, estas actividades buscaron que las participantes pudieran relacionar los derechos con sus propias experiencias y comprender que estos forman parte de su vida cotidiana.

El liderazgo indígena también se construye desde las nuevas generaciones
Otro momento central fue el Panel de Experiencias “Liderazgo y oportunidades para las niñas y adolescentes indígenas”, que abrió un espacio de diálogo intergeneracional.
Las participantes pudieron acercarse a experiencias vinculadas con el liderazgo de mujeres indígenas, el papel que pueden asumir las niñas y adolescentes como futuras lideresas de sus pueblos y la educación como una herramienta para abrir caminos hacia el liderazgo y la participación.
El intercambio entre generaciones permitió reconocer que el liderazgo no es únicamente una posición o un cargo. También se construye a partir de la identidad, la organización, los conocimientos, la educación, la participación y la capacidad de aportar a la comunidad.
En este sentido, escuchar experiencias de mujeres y lideresas indígenas permitió tender puentes entre las historias de quienes han abierto caminos y las aspiraciones de las nuevas generaciones.

De objetos a sujetas de derechos: reconocer nuestra capacidad de transformar
Durante el segundo día, las participantes profundizaron en una reflexión especialmente importante: la diferencia entre ser consideradas objetos de derecho, sujetas de derecho y sujetas sociales de derecho.
A través de una representación teatral titulada “Cómo nos ve la sociedad”, los grupos escenificaron distintas formas en las que niñas, niños y adolescentes pueden ser percibidos y tratados en los espacios públicos.
La actividad permitió reflexionar sobre una idea fundamental: las niñas, adolescentes y jóvenes no son personas pasivas que simplemente reciben decisiones tomadas por otros. Tienen capacidades, opiniones, propuestas y derecho a participar en la construcción de su propia realidad.
La metodología llevó esta reflexión a una dinámica denominada “El Robot”. Mediante la elaboración de robots con materiales reciclados, las participantes analizaron las diferencias entre un objeto que puede ser controlado por otros y una persona que tiene capacidad para pensar, sentir, decidir y actuar.
A partir de preguntas y situaciones concretas, se abrió una conversación sobre la autonomía, la capacidad de decisión y el reconocimiento de niñas, niños y adolescentes como personas con derechos.
Esta reflexión permitió reforzar el sentido del protagonismo: no se trata únicamente de tener derechos reconocidos, sino también de contar con espacios reales para ejercerlos, expresarse, participar y aportar a la sociedad.

La cultura como fuerza de identidad y encuentro
La interculturalidad también estuvo presente en los espacios de expresión cultural.
Durante la Noche de Saberes y Expresión Cultural, las participantes compartieron danzas tradicionales, cantos en lenguas originarias y relatos vinculados con sus territorios.
Este momento permitió que la identidad cultural no fuera entendida únicamente como un elemento del pasado, sino como una fuerza viva que conecta a las nuevas generaciones con sus comunidades, sus lenguas, sus conocimientos y sus historias.
En un contexto donde los pueblos indígenas enfrentan múltiples desafíos para preservar sus culturas y territorios, fortalecer estos espacios de encuentro resulta fundamental para que niñas, adolescentes y jóvenes puedan reconocerse en sus raíces y, al mismo tiempo, proyectarse hacia el futuro.

Sus voces también construyen el futuro
A lo largo de los dos días, el Mural de las Voces permitió que las participantes expresaran libremente sus opiniones, emociones, aprendizajes y sugerencias.
Este espacio recogió aquello que más les gustó del encuentro, las reflexiones que se llevaron consigo, sus sentimientos y propuestas para mejorar futuras actividades.
La metodología del encuentro buscó que estas voces no quedaran únicamente en las dinámicas desarrolladas durante las jornadas. En la asamblea final, las participantes compartieron propuestas, compromisos y reflexiones construidas desde sus grupos y trabajaron en la construcción colectiva de acuerdos y un mensaje común.
De esta manera, el cierre del encuentro no significó el final de la participación, sino un momento para reafirmar los aprendizajes y proyectar lo construido hacia sus comunidades.

Niñas, adolescentes y jóvenes: protagonistas de sus comunidades
El Segundo Encuentro Intercultural dejó una idea que atraviesa todo el proceso: las niñas, adolescentes y jóvenes indígenas no son solamente el futuro de sus pueblos; son también protagonistas del presente.
Reconocerlas como sujetas de derechos implica escuchar sus voces, valorar sus conocimientos y generar condiciones para que puedan participar en los espacios donde se toman decisiones que afectan sus vidas, sus familias y sus comunidades.
Fortalecer su protagonismo significa también reconocer que tienen mucho que aportar desde sus propias experiencias, culturas, lenguas, territorios y formas de comprender el mundo.
Para INFANT, acompañar estos procesos significa contribuir a la construcción de espacios donde las niñas, adolescentes y jóvenes puedan encontrarse, aprender, organizarse, expresar sus ideas y fortalecer su capacidad de incidencia.
Porque cuando una niña conoce sus derechos, cuando una adolescente descubre que su voz tiene valor y cuando una joven encuentra espacios para participar y proponer, no solo cambia su propia historia: también se fortalecen las posibilidades de transformación de toda su comunidad.
El encuentro concluyó reafirmando la importancia de la participación, la identidad cultural, el diálogo intergeneracional y el trabajo colectivo, fortaleciendo los vínculos entre las participantes y renovando el compromiso de seguir construyendo espacios donde sus voces sean escuchadas y tomadas en cuenta.
Sus derechos se conocen. Sus voces se escuchan. Su protagonismo se fortalece. Y desde sus comunidades, ellas también están construyendo el futuro de la Amazonía.
