La Casa Amarilla fue el escenario de una emotiva jornada organizada por INFANT y Promundo, donde el juego, la reflexión y el aprendizaje compartido demostraron que la equidad empieza en casa.
A menudo pensamos que cambiar la sociedad requiere leyes complejas o grandes discursos políticos. Sin embargo, la verdadera revolución empieza mucho más cerca: en la mesa del comedor, en quién lava los platos o en cómo papá consuela a su hijo cuando llora. Bajo esta premisa transformadora, la reciente jornada de clausura del Programa P Perú no fue un evento protocolar de fin de curso, sino una vibrante celebración de que otra forma de convivencia es posible.
Implementado por INFANT y Promundo, el evento convirtió a la Casa Amarilla en un laboratorio de emociones. Allí se reunieron madres, padres, niñas, niños y adolescentes (NNA) de la IE Sasakawa, no solo para recibir un certificado, sino para consolidar meses de trabajo con un objetivo común: aprender a convivir mejor, sin violencia y con igualdad.

Un aprendizaje fuera del manual (y en familia)
Lo que hizo única a esta jornada fue su enfoque intergeneracional. Estamos acostumbrados a «escuelas de padres» donde los adultos reciben charlas teóricas mientras los niños juegan aparte. Aquí, la lógica fue distinta: toda la familia fue protagonista.
Los asistentes descubrieron que transformar las prácticas de crianza y cuidado no es una tarea solitaria ni exclusiva de mamá. «El proceso se fortalece y se hace sostenible cuando el aprendizaje es compartido», fue una de las grandes conclusiones que resonaron en el ambiente.

Al integrar las voces frescas de la niñez con las experiencias de vida de los adultos, se creó un espacio horizontal inusual. Mamá y papá pudieron bajarse del pedestal de autoridad para redescubrir su rol desde la empatía, mientras que los hijos se sintieron validados y escuchados.
«La equidad no es un concepto abstracto de los libros; es una práctica diaria de cuidado, respeto y corresponsabilidad que involucra a mamá, papá y a los hijos por igual».

Dinámicas para «hackear» los estereotipos
La agenda del día estuvo diseñada para mover fibras sensibles. No bastaba con decir «hay que ser iguales», había que sentirlo y practicarlo. Para ello, se diseñaron espacios estratégicos:
- Actividades diferenciadas: Espacios seguros donde NNA y adultos pudieron hablar, por separado, de sus miedos, retos y necesidades específicas según su edad y género.
- Espacios mixtos: El momento de la verdad, diseñado para poner en práctica la negociación, la escucha activa y el diálogo democrático entre padres e hijos.

A través de estas dinámicas, las familias de la IE Sasakawa pusieron sobre la mesa temas que muchas veces se barren bajo la alfombra:
- La corresponsabilidad en el hogar: Entender que los cuidados no tienen género.
- El autocuidado y la salud: Reconocer que, para cuidar a otros, primero debemos estar bien nosotros mismos.
- Los derechos de la niñez: Vistos no como una lección, sino como una vivencia.
Fundamentalmente, se trabajó en el cuestionamiento de los roles y estereotipos de género. Se invitó a los hombres a conectar con su lado afectivo —muchas veces reprimido por el machismo— y se valoró la sobrecarga mental que a menudo recae sobre las mujeres, buscando equilibrar la balanza.

El juego como acto revolucionario
Pero no todo fue debate serio. La jornada recordó algo esencial que los adultos suelen olvidar: se aprende mejor jugando.

El evento incluyó una vibrante gincana familiar que demostró que el disfrute es una herramienta poderosa para la integración. Entre risas, carreras y desafíos de trabajo en equipo, las familias reforzaron sus vínculos. La actividad evidenció que un hogar libre de violencia no es un hogar solemne y aburrido, sino un espacio donde se sabe reír, jugar y compartir tiempo de calidad.

Embajadores del cambio
El evento culminó con un emotivo acto de reconocimiento. Más que una despedida, fue un «hasta luego». Se celebró el compromiso de estas familias de la IE Sasakawa que, tras su paso por el Programa P, hoy se alzan como embajadoras de una crianza más tierna.

Ellos y ellas han demostrado que es posible romper ciclos, que los padres pueden ser afectivos y cuidadores, y que las familias son el terreno fértil donde nace una sociedad más justa y protectora para todos.

¿Quieres saber más sobre cómo ser parte del cambio?
Conoce más del Proyecto Paternidades aquí: https://www.infant.org.pe/proyectos/paternidades-en-accion/
