En Villa El Salvador, un grupo de papás, abuelos y mamás se reunió no solo para hablar de crianza… sino para sanar, repensar y construir juntos nuevas formas de ser familia.
Estas reuniones no surgieron al azar: forman parte del proyecto “Paternidades en Acción: crianza con igualdad y respeto”, una iniciativa de INFANT y Promundo de Brasil que busca transformar las formas de cuidar desde la equidad, el afecto y la corresponsabilidad.

Guiados por facilitadores comprometidos con la comunidad, estos encuentros se volvieron espacios donde las dudas, los recuerdos y hasta los errores encontraron un lugar seguro.
Aquí te contamos lo que pasó en cada sesión —tal como sucedió— pero con más vida, más verdad y más corazón.

Sesión 1: “Mis necesidades e inquietudes como padre”

¿Alguna vez has querido gritar porque tu hijo no levanta la vista del celular? ¿O sientes que, aunque das todo, nunca es suficiente?

Esa fue la primera pregunta que resonó en esta sesión del proyecto Paternidades en Acción. Con una dinámica simple —“¿Quién como yo?”— los participantes descubrieron que no estaban solos: muchos criaban nietos, otros luchaban con adolescentes rebeldes, y varios se sentían desautorizados por sus propios hijos cuando imponían reglas.

Uno de los temas más repetidos: el celular como muro invisible entre padres e hijos.
Pero también surgieron ideas reales: cómo hablar sin regañar, cómo poner límites sin gritar, cómo hacer que los chicos escuchen… sin tener que convertirse en policías del hogar.

Y algo clave: los abuelos pidieron ser escuchados. No quieren solo “cuidar”, quieren criar con respeto y autoridad compartida —una voz que el proyecto reconoce como fundamental en la red de cuidados comunitarios.

Sesión 2: “El legado de mi padre”

Esta sesión no fue fácil. Fue profunda.
Dentro del marco de Paternidades en Acción, se invitó a los participantes a mirar hacia atrás: con los ojos cerrados, escribieron cartas que jamás habían enviado —a padres ausentes, a figuras duras, a hombres que trabajaron toda la vida… pero nunca dijeron “te quiero”.

Algunos recordaron manos callosas que cargaban el mundo, pero no sabían abrazar. Otros, gritos que aún resuenan en sus cabezas.
Pero también hubo gratitud: por el ejemplo de esfuerzo, por el silencio que protegía, por el pan que siempre estaba en la mesa.

Luego vino la pregunta más poderosa del taller:
¿Qué de eso quiero dejarle a mis hijos?
Y también: ¿Qué no quiero repetir?

Respuestas como:

“Quiero que mis hijos me vean llorar si es necesario.”
“No voy a usar el miedo como herramienta.”
“Voy a decir ‘te amo’ aunque a mi papá le costara.”

Este fue el momento en que muchos entendieron: ser buen padre no es copiar, es elegir conscientemente —justo el propósito central del proyecto.

Sesión 3: “Creciendo junto a mi hijo”

¿Sabías que un papá puede cambiar pañales, cargar a su bebé y hablarle en quechua con ternura?

En esta sesión de Paternidades en Acción, los participantes actuaron dos realidades:

En una, el papá acompañaba a su pareja al control prenatal, cocinaba, abrazaba, preguntaba.
En la otra, el papá negaba la paternidad, exigía que le sirvieran la comida y decía: “eso es cosa de mujeres”.
La diferencia era brutal. Y todos lo sintieron.

Luego llegó el momento más vulnerable: contacto piel a piel con una muñeca.
Algunos se resistieron. Otros se emocionaron. Uno confesó, con la voz quebrada:

“No pude estar en el parto de mi hijo… pero ahora sí quiero estar en todo lo demás.”

Practicaron cambiar pañales, cargar al bebé, hablarle suavemente.
Y una mamá, sin pensarlo, le susurró al muñeco en quechua.
Porque el cuidado también tiene acento, raíz y memoria —y el proyecto celebra esa diversidad cultural como parte de una paternidad amorosa y presente.

Sesión 4: “Padres que cuidan en equipo y sin violencia”

Imagina esto:
Cinco personas lavan platos, barren, cuidan niños, cocinan.
De pronto, cuatro se van a descansar.
Una sigue.
Después, esa última también se va.
Y todo se detiene.

Así fue la dinámica que, dentro del cierre del proyecto Paternidades en Acción, mostró en carne viva la sobrecarga invisible que muchas veces cae sobre una sola persona —generalmente, la mujer.

Pero la conversación fue más allá:
¿Por qué, cuando hay que “poner orden”, se llama al papá como si fuera el jefe de seguridad?
¿Por qué corregir = castigar = gritar?

Entonces hicieron algo fuerte: dibujaron en un mural las violencias que vivieron de niños… y las que han ejercido como adultos.
Hubo silencios largos. Lágrimas calladas. Frases como:

“Yo también pegué… y hoy me arrepiento.”
“Mi papá me golpeaba con el cinturón. Juré que no lo haría… pero un día perdí el control.”

Pero también hubo esperanza:

“Quiero criar sin miedo.”
“Quiero que mis hijos me vean dialogar, no pelear.”
“El amor no necesita palo para enseñar.”

Y cerraron con una promesa colectiva: cuidar en equipo, sin violencia, con palabras que abracen, no que lastimen —el verdadero espíritu de Paternidades en Acción.

Más que talleres: un espacio donde los adultos también aprenden a sanar
Estas sesiones no fueron “clases”. Fueron encuentros humanos donde los roles se rompieron, las emociones se nombraron y los hombres —sí, muchos hombres— se atrevieron a ser vulnerables.

Porque criar con igualdad no es solo repartir tareas.
Es mirar al pasado sin miedo, escuchar a los hijos sin juzgar y construir un presente donde el amor no tenga que gritar para ser escuchado.

Y eso… eso sí que es paternidad en acción.

Discover more from INFANT PERÚ

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading

Send this to a friend